Guía 1
Cultura comercial
Para que los próximos desarrolladores de IMS tengan una curiosidad sincera por los negocios con los que trabajan.
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En desarrollo: crece con cada versión.
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El desarrollador que estamos buscando

Haciendo cuentas, llevo cerca de 25 años desarrollando software. No siempre ha sido mi función central, pero nunca he salido de la industria. He trabajado en desarrollo web, administración de bases de datos, producto, backend y frontend, con tecnologías que van desde dBase y Clarion hasta .NET desde sus inicios y PHP. Además, he implementado software, lo he vendido y he reparado mucho software que no funcionaba bien. De hecho, las tareas que los desarrolladores suelen rechazar son las que en IMS abrazamos: refactorizar plataformas con un nivel importante de obsolescencia y continuar bases de código muy antiguas que nadie quiere volver a tocar. Uno de nuestros casos de éxito más importantes fue relanzar una plataforma después de casi doce años, devolverle una base de usuarios importante y darle un plan de desarrollo con futuro. Lo que hoy es Breve antes fue Probos y primero fueron pantallas dibujadas en un cuaderno. Hoy, cuando alguien quiere construir una aplicación, se la pide a una IA y pronto tiene por lo menos un prototipo. Antes, se hacían dibujos sobre papel, se hacían diseños y el presupuesto de lo que costaría hacer lo más mínimo, pues no hacerlo resultaba muy costoso.


Considero un privilegio haber vivido las grandes transiciones del desarrollo de software:


Tengo recuerdos de cómo era antes el mundo de los informáticos. Trabajaban en centros de datos sumamente fríos, con batas blancas. Hoy, abren una laptop o un celular para trabajar mientras beben café en Starbucks, o aún mejor: le dictan por voz a un agente lo que tiene que hacer y esperan su respuesta. En este momento interactúo con desarrolladores de la vieja guardia que tienen esa nostalgia y con desarrolladores sumamente jóvenes que no entienden el mundo de antes y tampoco entienden del todo las prácticas del mundo actual, como las jornadas laborales o el trabajo presencial. Hace 2 semanas visité un cliente muy antiguo que todavía conserva una impresora Epson LX300 matricial.

Todavía resuenan en el fondo las guerrillas entre gerentes de proyectos con sus flujogramas y desarrollo en cascada, o los profetas del desarrollo ágil en Scrum y sus tableros Kanban.

Hoy tengo el privilegio de dirigir una empresa de desarrollo de software en plena transición hacia la inteligencia artificial. Hay muchas preguntas que todavía no tienen respuesta, pero también hay muchas respuestas que se han construido durante años y que tienen solidez. Predecir el futuro no está al alcance de nadie, así que en este artículo quiero recapitular lo que sí es sólido en el desarrollo de software. Lo iremos construyendo sobre la marcha.
Lo primero es que los seres humanos seguiremos organizándonos para crear juntos eso que llamamos cultura. Lo haremos de forma analógica o digital, con el trabajo de otras personas o con la ayuda de la inteligencia artificial. Desde que el hombre es hombre ha buscado maneras de organizarse, y cada vez que lo intenta termina construyendo algún tipo de empresa y herramientas que faciliten su trabajo, ya sea individual o en equipo. El software comercial que hacemos en IMS se seguirá haciendo. Cambiarán las herramientas y cambiará el vocabulario, pero a grandes rasgos las personas seguirán organizándose, y cada vez que lo hagan necesitarán herramientas para hacerlo mejor. Esas herramientas las construiremos desde cero o de manera sintética, pero siempre servirán a un trabajo que es real.

La clave no está en predecir el futuro, sino en entender la naturaleza de nuestro trabajo: automatizar las tareas repetitivas para que la gente pueda enfocarse en lo que realmente importa.
Lo segundo es que lo que nunca debió existir ya está desapareciendo: el desarrollador que se creía un semidiós. Ese que, por dominar un vocabulario distinto al de los demás, que en el fondo es lo que es un lenguaje de programación, se sentía con derecho a imponerse a los usuarios y a las empresas para las que trabajaba. Todo el que lleva tiempo en esta industria conoció a alguno que tuvo como rehenes a sus empleadores o a sus usuarios, con una altivez difícil de olvidar. El auge de la inteligencia artificial ha traído mucha humildad a la industria, y en IMS lo celebramos, porque somos una empresa orientada al usuario, no a las máquinas. Es un alivio ver que los desarrolladores dejan de arrinconar a los usuarios, porque ahora los usuarios pueden construir sus propias herramientas, y verlos más agradecidos con los clientes y empleadores que pagan por su trabajo, porque entienden que hacerlo es un privilegio.


Pero el péndulo puede irse al otro extremo. Así como antes los desarrolladores creían que podían hacer grandes cosas por sí solos, ignorando que necesitaban clientes y usuarios, hoy hay usuarios que creen que ya no necesitan a un desarrollador de software. Ambos polos son incorrectos. Las organizaciones no pueden colocar sus procesos clave sobre herramientas improvisadas, creadas sin criterio de ingeniería. Durante años hubo negligencia al permitir que el personal técnico gobernara las organizaciones sin entender cómo funcionaban; hoy puede haber una irresponsabilidad igual de grande si pasan a depender de herramientas improvisadas por usuarios que ahora tienen la misma altivez que antes tenían aquellos desarrolladores. Necesitamos dos cosas:
Lo tercero es esto: la atención directa al usuario se ha vuelto un lujo, y el mercado está muy dispuesto a pagar por ella. Hablamos de cosas como estas:

En eso IMS brilla. Siempre hemos sido una empresa que habla un lenguaje humano, que trata con cordialidad y que explica lo que está haciendo. Creo que el término es pertinente: hemos sido una empresa humilde en la forma de relacionarnos con nuestros clientes y con sus usuarios, y hoy eso tiene una vigencia extraordinaria. En un mundo sintético, queremos ser una empresa real.
Por eso nuestra política de uso de la inteligencia artificial busca automatizar los procesos de poco valor, para que el equipo clave de IMS esté disponible donde el trato humano realmente se valora. Sin pretender ser exhaustivo: en el levantamiento, la documentación, la interacción con los usuarios y la asistencia, queremos que se note que detrás hay personas reales. Un ejemplo: hoy toda la gestión de tareas pendientes dentro de nuestro CRM se hace con asistencia de inteligencia artificial, pero el cien por ciento de nuestros usuarios recibe a una persona de nuestro equipo que le ayuda a entender la solución implementada y tiene la paciencia de acompañarle. Nuestros clientes no eligen entre una IA y un ser humano: siempre los atiende un ser humano, y ese ser humano se apoya en la IA.
En este momento queremos formar a nuestra gente con dos guías que hemos desarrollado y publicado en el sitio de Breve. Difundir ambas es hoy una prioridad para nosotros:
Guía 1
Para que los próximos desarrolladores de IMS tengan una curiosidad sincera por los negocios con los que trabajan.
En desarrollo: crece con cada versión.
Guía 2
Para que nuestros usuarios aprendan a construir, con nuestra asistencia, las herramientas que necesitan.
En desarrollo: crece con cada versión.
El desarrollador ideal para IMS tiene un buen nivel técnico, porque esa es su naturaleza: construir herramientas con ingeniería de software. Pero, sobre todo, es una persona con mucha empatía y cultura general; un gran ser humano. Gran parte del código que hoy se escribe en nuestra organización se escribe con asistencia de inteligencia artificial, pero la responsabilidad sobre ese código sigue recayendo en un ser humano: alguien que conoce nuestro producto, que domina las prácticas de ingeniería que hemos implementado en él y que entiende por qué las cosas se hacen como se hacen. No es una IA con contexto. Es una persona con sensibilidad, raciocinio real y criterio moral.

Esperamos además que conozca bien al menos tres de las siete industrias con las que trabajamos. Conocer bien una industria significa haber pasado en medio de ella el tiempo suficiente. Si un desarrollador va a automatizar un proceso de producción, debe haber estado en una fábrica y entender:
Queremos ser una empresa empática. Todo el que trabaja con nosotros, sea colaborador o cliente, debe poder desarrollar progresivamente las capacidades que necesita para seguir haciendo bien su trabajo. Pero la paciencia necesita una ruta, un camino trazado, y por eso seguimos documentando. Es muy probable que el desarrollador que estamos buscando ya forme parte de nuestra organización, o que esté cerca de ella. No escribimos este perfil para reemplazar a nadie, sino para nombrar hacia dónde queremos crecer juntos.

Es una pregunta que surge a menudo en mis conversaciones recientes con desarrolladores. Creo que lo que importa no es el título en sí, sino una formación sólida en ciencias, matemática, historia, lengua y cultura general, y es muy posible que eso todavía se consiga en una buena universidad. De hecho, creo que las universidades deberían alejarse de la formación técnica y fortalecer sus programas en ciencias puras, arte y literatura. No vamos a diferenciarnos de una IA enseñando a los estudiantes a escribir mejor código. Lo haremos ayudándoles, primero, a ser mejores seres humanos: creativos, morales, racionales.
No sabemos cómo será el desarrollo de software dentro de diez años. Sí sabemos que las personas seguirán organizándose, que seguirán necesitando herramientas y que seguirán valorando que alguien real las escuche y las acompañe. El desarrollador que estamos buscando entiende eso: escribe código con las mejores herramientas disponibles, pero nunca olvida para quién lo escribe.
El futuro que no queremos es uno en el que las máquinas escriban código solo para otras máquinas. Nuestro trabajo existe porque existen los seres humanos. Si ellos se van, nosotros nos iremos también. No somos una empresa orientada a las máquinas, sino a la gente.
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